Si acostumbras a usar agua caliente para ducharte o lavarte la cara es posible que experimentes piel deshidratada, rojeces y dermatitis.
Esto ocurre principalmente por que el agua muy caliente daña la barrera protectora de la piel, provocando que ésta pierda humedad y ocasionando la aparición de irritaciones, sequedad cutánea, dermatitis y arrugas.
Además tiene un efecto vasodilatador que afecta directamente en las arañitas vasculares o telangiectasias.
Por el contrario el agua fría tonifica y reafirma la piel, al estimular la producción de colágeno y elastina.
Estimula la circulación sanguínea, purifica y oxigena la piel, facilita la eliminación de toxinas a través de los capilares.
Tiene efecto antiinflamatorio, evitando que la piel se enrojezca e inflame, ayudando además a desinflamar las bolsas de los ojos.
Otorga efecto calmante y ayuda a refrescar la piel.
Comentarios
Publicar un comentario