El azúcar es un endulzante de origen natural, sólido, cristalizado, constituido esencialmente por cristales sueltos de sacarosa. Se puede clasificar por su origen, pero también por su grado de refinación o sus características. Se extrae principalmente de la caña de azúcar y de la remolacha.
Su uso en cosmética se debe principalmente a su contenido en ácido glicólico, un alfahidroxiácido (AHA) que se encuentra de forma natural en la caña de azúcar. Este componente hace que el azúcar no actúe solamente como un exfoliante por "arrastre", sino que además le otorga un poder de exfoliante químico. Por este motivo lo convierte en un exfoliante más abrasivo por lo que hay que tener más precaución cuando se usa en zonas como rostro y cuello.
Este ácido es el más utilizado para realizar exfoliaciones, gracias a su alta acidez y porque es muy soluble, además presenta un bajo peso molecular y por tal motivo es el que atraviesa más fácilmente la piel, permitiendo una exfoliación más suave y profunda.
Puede usarse en todo el cuerpo y con mucho cuidado en el rostro.
Es muy útil para desincrustar el vello encarnado en la piel.
Tiene la capacidad de disolver los enlaces que existen entre las células muertas, acelerando su eliminación y estimulando la regeneración celular.
Además tiene propiedades humectantes y ayuda a eliminar manchas y arrugas.
Ayuda a regenerar las células capilares.
Este artículo es simplemente informativo, en ningún caso pretende sustituir la asesoría de un profesional de la medicina. Es recomendable antes de aplicar azúcar sobre la piel para tratar cualquier patología consultar con un médico.

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